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PRIMEROS PROFESIONALES MDICOS

Fecha Publicación: 2015-06-22
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El año 1933 aún se trató de reorganizar las clases con alumnos que quedaron, más por la movilización del Decano, se hizo cargo de la Jefatura de la Facultad en calidad de Tercer Decano el viejo amigo Dr. García y por la ausencia de estudiantes y falta de Médicos se canceló indefinidamente este amable reducto de la cultura.

Entonces dos beneficios nos trajo la campaña: la destrucción del Hogar Universitario y la muerte de los compañeros siempre bien recordados Humberto Ayala, Benjamín Caima y José Escalera, a quienes hoy hacemos llegar nuestro póstumo y respetuoso homenaje.

Así pasó el tiempo de desolación y angustia. Vueltos al terruño encontramos el Hogar Universitario destruido, las aulas transformadas en Hospital, el ambiente enlutado y sin emoción, la juventud pesimista, dañada con su psicosis de guerra, perdida su fe y su esperanza no atinaba a discriminar su futuro; muchos compañeros tuvieron que cambiar de profesión, buscando la manera más fácil de resolver su economía.

Nuevamente se levanta el espíritu férreo e indomable de don Aurelio Meleán, que no retrocede ante el timpo ni ante la desgracia y se lanza violento e incontenible a reconstruir su obra. “Busca personalmente a distinguidos médicos a quienes ruega y a veces implora, pidiendo su concurso para hacerse cargo de las cátedras; algunos le aceptan y otro le niegan. Aquí una anécdota: Un día en la esquina de las calles Sucre y Antezana al ir hacia la Universidad Dr. Meleán detiene el automóvil del Dr. Lucio Zabalaga y con los ojos nublados por las lágrimas, le invita hacerse cargo de una cátedra, como un favor al “viejo amigo”, al hombre que “lo estimaba” y que pronto transpondría los umbrales de esta vida, como un favor a la juventud destrozada por la guerra, a aquella juventud que todo lo había perdido. Urquidi – hombre culto y emotivo -, lo levanta y lo traslada hasta la universidad, diciéndole “por ti Aurelio todo y con el mayor agrado”.

Pasan los días, se serena el aambiente y se covocan a nuevas inscripciones para Medicina, Odontología y Farmacia; mas, no existe local donde pasar clases, ya que aún permanecen en nuestro edificio heridos y enfermos de guerra; existe marcada e interesada oposición para devolverlo a la Universidad. Lamentablemente algunos médicos que olvidan sui condición de tales se constituyen más bien en jerarcas del militarinsmo, cambiando el blanco mandil por la bota, se tornan en nuestros enemigos y piensan que el aula que albergó gente dolorida en forma temporal, debía constituirse en cuartel.

A esta altura el gran educador y director del Instituto Americano señor Legrand Smith, nos cede voluntariamente una pieza de su edificio de la Plaza Colón; agradecidos por este noble gesto y conjuntamente con los catedráticos trasladamos en hombros los bancos y los pocos muebles de que disponíamos.

Se reinician las clases y como quiera que el aula no podía albergar a todos los alumnos tuvieron que hacerse algunas clases bajo la amable sombra de los álamos.

Iniciamos violenta campaña de prensa colaborados por las columnas que nos ceden los diferentes órganos de prensa y en momento en que resolvimos llegar a situaciones de hecho, felizmente nos fue devuelto el local, en estado calamitoso de aseo, con todos los servicios deshechos. Nuevamente gracias a la comprensión del H. Consejo Universitario que nos colaboró económicamente y con fondos provenientes de Kermeses, matinés de beneficencia y actuaciones culturales, se pudo conseguir readaptación, siempre impulsada por el Dr. Meleán y el Ingeniero Sr. Miguel Tapias, a quién hacemos llegar nuestro póstumo recuerdo.

Normalizado el trabajo, a partir del 24 de marzo de 1936, se constituye el Primer Consejo Directivo de esta época por los Drs, Meleán, Antenor Vía García, Carlos Carrasco Ávila, Carlos Caprirolo y Secretario Dr. José Prudencio Zegarra.

A partir de esta época, podemos indicar como salientes los siguientes hechos:

En violenta actuación camaral, los diputados Drs. Carlos D’Avis y Carlos Araníbar Orozco consiguen la aprobación de una ley por medio de la cual y como compensación al tiempo perdido en la Campaña del Chaco se exonera del Examen de Grado a todos los egresados de las facultades de la República y a los de cursos inferiores se les concede un año vencido. Más como esta determinación favorable para los más no era muy beneficiosa para nosotros que nos iniciábamos en el estudio, resulvimos no aceptarla y más bien de acuerdo con nuestros catedráticos, cancelamos las vacaciones anuales, para hacer cursos permanente y continuados.

En 1938 se contrataron los servicios docentes del Prof. Alemán Juan W. Kempski, para las cátedras de Parasitología y Bacterología, más su impreparación determinó que se le siguiera el respectivo proceso, exonerándoselo en 1940.

En 1940 se contratan los servicios de los profesores Jean Vellars y Juan A. Johns quiénes después de concluir eficientemente su compromiso retornan a sus respectivos países. Se consigue que los Directores de Odontología y Farmacia sean miembros natos de los Consejos Directivos y con voz y voto. Se acrecienta la Biblioteca con 320 volúmenes obsequiados por el Dr. José de la Reza y se publica la Revista de “Ciencias Biológicas” con carácter bimestral.

En 1941 se concluye la construcción del Pabellón de Anatomía Humana y se adapta el frigorífico para la congelación de cadáveres.

La Facultad da sus primeros frutos lanzando a la vida profesional a sus primeros titulados de Odontología señores: Hugo Guzmán Soriano, Emilio Mendizábal Santa Cruz, Antonio Romano, Alberto Elías, Luis Céspedes, Emma Anaya, Carmela Ríos, Bertha Portillo, y la de la Farmacia concede Grado profesional a los señores Antonio Erquicia, María Andia y Dominga Guzmán.

En diciembre egresa la primera promoción de 10 alumnos de la Facultad de Medicina.

1942: Se contratan los servicios del profesor Santiago Pisuñer para las cátedras de Fisiología, Fsiopatología  Química Biológica. Se incrementa mayormente la Biblioteca.